Vive el día a día y nunca te preocupes por tu futuro.
Qué bonito si fuese así de simple todo tendríamos que añadir.
En estos días que corren y/o pasan delante de nuestras narices, nos sentimos como una pila sin energía. A mí me pasa que a día de hoy no encuentro motivaciones. Un día encontré un trabajo que me hacía feliz, pero por la crisis en la que nos encontramos lo perdí. No se si volverá algún día, aún así lo veo algo difícil. Ahora intento hacer varias cosas a la vez, pero me doy cuenta de que no hago nada. El que mucho abarca poco… bah! Nunca supe como seguía el dicho. Básicamente no creo que consiga lo que quiero si no renuncio a una. Total que son 4 años más sin nada en esta crisis. Lo que las finanzas destruyen en una hora se tardan décadas en levantar.
Hoy nos enfrentamos a superpoblación, falta de empleo, trabajos ideales, cualquier tipo de extorsión de origen financiero y millones de abusos en la diferenciación de salarios. Parece que volvemos a la edad media, donde un tipo nos explotaba por 4 duros; y encima le tendríamos que dar las gracias por ello y hacer que no pertenezcamos al colectivo muerto de hambre (-por exagerarlo un poco-).
Ahora por lo menos tenemos sanidad y un hogar que no podemos pagar, pero aún mejor ni siquiera tenemos la posibilidad de perpetuar nuestra existencia a través de hijos, ya que ahora nos supone un gasto, cuando antes hablábamos de una inversión (hasta para echar una mano en el campo).
¿Y cuál es la solución? ¿Meternos un tiro? ¿Empezar a bombardear a países extranjeros? NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO…!!!
La solución es jodernos y seguir consumiendo para que no se hunda del todo la economía. A veces me siento positivo, pero hoy lo veo más negro que nunca. Cada día tengo menos esperanzas, veo a mi novia y me siento fatal por ella que consigue menos que yo aún.
Tengo 26 años, 27 en menos de 6 meses, y nunca en mi vida me he sentido tan frustrado. He estudiado Dirección y Gestión hotelera, y acabé de recepcionista de noche cobrando un sueldo, más o menos, decente para vivir en España; pero no me gustaba, no me gusta ser recepcionista, quería aspirara a algo más y no volverme un búho. Luego decidí irme a Irlanda e Inglaterra, aprendí algo de inglés que hoy por hoy siento que he olvidado. Por último hice un ciclo de comercio Internacional, el cual me otorgó mi último trabajo. Cobraba una mierda con la cual jamás me iba a independizar, pero aún así el trabajo por fin me gustaba. Y bangggg!!! La crisis hizo de las suyas y siguió empeorando las cosas para las empresas de las que dependíamos, así que no podían mantener mi puesto. Que le vamos a hacer, aceptarlo.
Ahora bien, al menos me quedaba Administración y Dirección de Empresas, en la cual me matriculé por mi gran complejo de no tener una carrera universitaria; y el grado de Transporte. Gracias a eso estoy hoy por hoy haciendo algo, sino me estaría comiendo los mocos al lado de la rumana que se pone debajo de mi casa a pedir dinero.
Ahora estoy agobiado porque no tengo tiempo para hacer las dos cosas. La universidad y el plan Bolonia obligan a trabajar horas extras las cuales no puedo completar si no quito horas al ciclo, y aún así el ciclo no me motiva porque no encuentro un buen grupo de trabajo en él.
Tengo la sensación de perder el tiempo con él. El dilema es la duda de ¿¡y si haciéndolo encuentro trabajo en menos de dos años!?
Y posteriormente se repite en mi cabeza que las horas y el desgaste psicológico del ciclo pueden ser aprovechados en horas de esfuerzo para sacar la carrera en menos de 5 años.
Malditos planes frustrados de vida. Siempre me quedará el beneficio de la duda de saber mañana si soy rico o no gracias a las loterías del estado, que es el salvoconducto que nos hace sentirnos con esperanza.
Llega a ser penoso el cambiar la esperanza hacia un dios inexistente por el dinero que no vale más que sangre, disgustos y egoísmo traducido en diferencia de clases.